6 de marzo de 2026

Más allá de la IA: comunicación, política y el reto de priorizar a las personas

Gabriel Antelo - VP de Tecnología de Globant

En agosto de 1835, el diario The Sun de Nueva York publicó una serie de artículos que hablaban de descubrimientos asombrosos en la Luna: paisajes exóticos, criaturas extrañas e incluso hombres murciélagos. Poco después, se reveló que todo era un engaño, quizá la primera gran fake news de la historia.

Han pasado casi 190 años y, aunque la tecnología ha transformado radicalmente la forma en que nos informamos, seguimos enfrentando un dilema similar: ¿podemos confiar en lo que vemos, escuchamos o leemos en internet?

IA y política: una relación compleja

Los escenarios políticos han sido siempre terreno fértil para la desinformación. Desde el Brexit en Reino Unido hasta las elecciones en Estados Unidos o Brasil, los rumores y noticias falsas han puesto en jaque el rol de periodistas, comunicadores y medios de comunicación.

Hoy, con la irrupción de la inteligencia artificial, la frontera entre lo real y lo ficticio es cada vez más difusa. Según Amazon Web Services, el 57% del contenido en la web ya es generado por IA, lo que plantea un enorme desafío en tiempos electorales: ¿cómo distinguir la información veraz de la manipulada?

La respuesta desde el sector tecnológico

Algunas compañías ya están asumiendo este reto. Globant, por ejemplo, a través de su fondo Globant Ventures, ha invertido en startups dedicadas a trazabilizar y verificar noticias, con el objetivo de detectar qué contenidos son reales y cuáles falsos.

Pero la discusión va más allá de la verificación. Se trata de impulsar un desarrollo ético y responsable de la IA, uno que priorice a las personas por encima de la tecnología.

Colombia: un caso urgente

En Colombia, este debate se vuelve aún más necesario. La IA puede ser una aliada en la política, ayudando a los candidatos a acercarse a públicos diversos o brindando información clara a los votantes que no están familiarizados con los procesos electorales.

Sin embargo, también puede ser usada para lo contrario: cuestionar la legitimidad de los procesos democráticos, manipular opiniones y generar inestabilidad social. El auge de los deep fakes —audios y videos manipulados por IA— es prueba de ello.

El llamado: humanidad antes que tecnología

El filósofo Lewis Mumford lo resumió hace décadas:

“No debemos permitir que la tecnología defina nuestra humanidad, sino que la humanidad debe definir el uso de la tecnología”.

Hoy, con el aumento del 140% en estafas digitales en la región, según un informe reciente de Kaspersky, esta reflexión es más vigente que nunca. La tecnología debe ser una herramienta para fortalecer la democracia y la confianza, no para debilitarlas.

En tiempos donde lo digital atraviesa cada aspecto de la vida, el desafío es claro: poner al ser humano en el centro de la innovación tecnológica. Solo así podremos garantizar que los avances en IA y comunicación sirvan para construir sociedades más informadas, justas y seguras.