Fotos de los 80 con IA: Los riesgos de privacidad detrás del trend viral
Peinados voluminosos, chaquetas con hombreras y estética retro han inundado los feeds en redes sociales con el nuevo trend que transforma cualquier selfie en un retrato ochentero o en figuras históricas. Sin embargo, detrás de este juego nostálgico existe un intercambio de información sensible: para lograr acabados hiperrealistas, los usuarios suben fotos nítidas que entregan datos biométricos clave a plataformas de terceros.
La rapidez con la que aparecen y se viralizan estas herramientas también puede hacer que las personas acepten permisos o condiciones sin revisarlos. De acuerdo con un estudio de Kaspersky, el 30% de los usuarios en América Latina admite que no revisa los permisos que solicita una aplicación antes de instalarla, ya sea porque la información es demasiado extensa o porque simplemente no le presta atención.
“Estos trends muestran cómo un incentivo divertido puede llevarnos a entregar información personal sin detenernos a pensar qué sucede después con ella. Una fotografía clara del rostro puede ser procesada para obtener características biométricas y, a diferencia de una contraseña, nuestro rostro no puede cambiarse si esa información termina expuesta o es utilizada indebidamente. El objetivo no es dejar de aprovechar las posibilidades de la inteligencia artificial, sino hacerlo de forma consciente: saber qué plataforma estamos utilizando, qué hará con nuestra imagen y qué controles tenemos sobre esos datos”,
asegura María Isabel Manjarrez, investigadora senior de seguridad en el Equipo Global de Investigación y Análisis para América Latina en Kaspersky.
El rostro: una credencial que no puedes cambiar
A diferencia de una contraseña comprometida, el rostro no se puede reconfigurar. Las herramientas de reconocimiento facial analizan los rasgos individuales para generar patrones únicos de identificación. Si estos datos caen en manos equivocadas o se gestionan sin controles de seguridad, pueden combinarse con números telefónicos o perfiles públicos para ejecutar ataques de ingeniería social, deepfakes e intentos avanzados de suplantación de identidad.
El peligro se acentúa cuando se aceptan términos de servicio sin leerlos:
- Entrenamiento de modelos: La foto puede quedar almacenada para entrenar nuevos algoritmos sin consentimiento explícito posterior.
- Metadatos y entorno visual: Una selfie descuidada suele exponer placas vehiculares, credenciales corporativas, uniformes, ubicaciones o rostros de menores.
- Falta de escrutinio: El 30% de los internautas en América Latina admite no revisar los permisos ni políticas de las apps antes de usarlas, impulsados por la inmediatez del trend.
Cómo sumarse a las tendencias de IA sin comprometer tu privacidad
- Verifica el desarrollador: Usa exclusivamente herramientas de proveedores reconocidos y desconfía de sitios web emergentes creados solo para capitalizar la moda viral.
- Audita los términos de uso: Confirma si la plataforma conserva la fotografía original en sus servidores, por cuánto tiempo y si contempla su venta o reutilización.
- Limita los permisos: La generación de imágenes nunca requiere acceso a tus contactos, mensajes de texto ni geolocalización en tiempo real.
- Inspecciona el fondo: Antes de cargar la foto, verifica que no aparezcan documentos personales, identificaciones de trabajo o detalles de tu vivienda.
- Protección activa: Emplea herramientas de ciberseguridad capaces de detectar enlaces maliciosos y páginas de phishing diseñadas para suplantar filtros virales.
El objetivo no es renunciar a la inteligencia artificial, sino disfrutar de sus innovaciones conociendo de antemano el destino de nuestra información personal.
