6 de marzo de 2026

Dying Light: The Beast – Reseña: La Furia Desatada

Dying Light The beast Reseña

Cuando me preparaba para sumergirme por cuarta vez en el universo de Dying Light, una parte de mí se preguntaba: «¿Sentiré la misma emoción al saltar entre tejados mientras hago trizas a los zombis?». La fórmula es conocida, ¿verdad? Pero después de más de 40 horas de parkour brutal y combates viscerales, la sonrisa en mi cara lo decía todo. La verdad es que sigue siendo una pasada, y esta vez, con un giro salvajemente divertido.

Historia

La trama nos trae de vuelta al legendario Kyle Crane, nuestro protagonista del primer juego. Pero algo ha cambiado. A través de unos eventos bastante espeluznantes, Crane ahora es una especie de monstruo, mitad hombre, mitad bestia. Y es que no todos los días puedes dar saltos de 15 metros o soltar un grito que, literalmente, les fríe el cerebro a los no muertos.

Seamos claros, la historia no va a ganar ningún premio al mejor guion. Es una trama de venganza bastante directa contra el típico villano de manual. Pero, ¿sabes qué? Funciona. Es la excusa perfecta para lanzarnos a la acción. Además, lo que de verdad le da alma al juego son las misiones secundarias y los personajes que te encuentras.

Ahí es donde la escritura brilla, con momentos genuinamente divertidos y gente memorable con la que te apetece pararte a charlar. Aunque la campaña principal se puede ventilar en unas 20 horas, si eres como yo, te perderás fácilmente más de 40 cazando a esas «quimeras» mutantes para inyectarte su poder. Es adictivo, qué te voy a decir.

Jugabilidad

Aquí está la joya de la corona. La base es la que ya amamos: un parkour fluido y un combate cuerpo a cuerpo que se siente contundente. Pero la novedad, esa capacidad de «desatar a la bestia», lo cambia todo. De repente, puedes cargar contra una horda entera y mandarlos a volar como si fueran bolos. O usar el gancho con una fuerza tan bestia que parece que estás imitando a Spider-Man en pleno apocalipsis.

Ese momento en el que sueltas tu machete y decides reventar a veinte zombis a puñetazo limpio en diez segundos… es una catarsis de violencia absolutamente gloriosa. Eso sí, no puedes ir en modo bestia todo el tiempo. Tienes que cargar una barra de rabia, así que el resto del tiempo volverás a la rutina de siempre: buscar tuberías, correr por tu vida y sentir ese pánico helado cuando te persiguen los volátiles por la noche. Para los veteranos, se sentirá como volver a casa, aunque sea una casa llena de monstruos.

Las peleas contra los nuevos jefes también son un puntazo. Te enfrentas a creaciones horripilantes, como un zombi esquelético que se mueve a la velocidad del rayo o un bruto invisible que te obliga a agudizar el oído, con el corazón en un puño. Aunque hacia el final se vuelven un poco repetitivos, siempre son un espectáculo digno de ver.

Aspecto Gráfico y Sonoro

Aunque no se entra en detalles técnicos profundos, jugarlo en una PlayStation 5 es una garantía de que visualmente va a ser impactante. La experiencia promete ser fluida, sin esos molestos bugs que a veces nos han acompañado en la saga.

Y el sonido… ay, el sonido. Es una pieza clave. No hay nada como estar en un edificio oscuro, en silencio, y escuchar ese gruñido a tu espalda. El diseño de audio está pensado para mantenerte en tensión constante, para que sientas el peligro antes incluso de verlo.

Conclusión

Al final del día, Dying Light: The Beast es un regreso fantástico a ese mundo que tanto nos gusta. La idea de convertirte en un monstruo para cazar a otros monstruos es genial y le da un aire fresco que compensa de sobra una historia sencillita.

Ahora bien, si acabas de jugar a los anteriores, es posible que te resulte un poco familiar. Aparte del modo bestia y los nuevos jefes, la estructura es muy fiel a sus raíces. Pero, ¿es eso algo malo? Para nada. Es más Dying Light, pero con los dientes más afilados. Y eso, para mí, siempre es una buena noticia.

Calificación: 8,0 /10

Reseña por Nicolás Schiller